El mayor cuidado de la guitarra alarga la vida del instrumento, que estabiliza su “personalidad sonora” con el paso del tiempo.

Mientras no se toque la guitarra debe estar guardada en su estuche, a ser posible rígido y que las fundas de lona y caucho no lo protegen suficiente.

Hay que tener cuidado con los botones, hebillas de cinturones, cremalleras, pueden dañar la tapa, fondo y aros de la guitarra.

Cuidado con las condiciones ambientales donde normalmente se tiene la guitarra. Aunque el estuche siempre aporta algo de protección, nunca olvidar que el excesivo calor o humedad y los cambios bruscos de temperatura y humedad son nocivos para la guitarra.

La madera, por muy bien curada que esté, es un material “vivo” que tiene propiedades higroscópicas: absorbe o despide humedad del o al ambiente dependiendo de las condiciones ambientales.

Las condiciones de humedad elevada permanentes afectan considerablemente a la sonoridad del instrumento y su volumen sonoro. El efecto de una excesiva sequedad ambiental aumentará la altura de las cuerdas, dificultando pulsación. En el caso contrario una altura baja de las cuerdas hará que estas empiecen a cecear. Un ambiente excesivamente seco puede ocasionar cambios en la madera del diapasón que puede dar lugar a que los trastes puedan sobresalir mas de lo adecuado.

Para los desplazamientos en coche, en ningún caso dejar el coche estacionado al sol con la guitarra dentro. Las temperaturas que se alcanzan en el interior del vehículo son muy elevadas.